Relato "Empiezo a recordar" #OrigiReto2019 (febrero)

febrero 11, 2019

¡Hola de nuevo, cazadores de nubes!:

¿Qué tal?, ¿os veis con fuerzas para leer uno de mis relatos? Espero que vuestra respuesta sea afirmativa. Si hace unos días os presentaba mi microrrelato de febrero para el #OrigiReto2019, hoy vengo con el relato. Por si no lo sabéis este reto de escritura creativa se organiza a cuatro manos desde dos blogs muy distintos entre sí. Por una parte estaría el de Stiby, y por otra el de Katty.

Las normas son muchas, y aunque poco a poco me voy haciendo a ellas, me cuesta recordarlas todas sin consultarlas, así que mejor pasaros por sus blogs y os enteráis de todo (tenéis los enlaces en el párrafo anterior ↟↟↟↟↟). Eso sí, en términos generales se trata de escribir cada mes un microrrelato de entre 200 y 1.000 caracteres (contando los espacios) y un relato que no exceda las 2.019 palabras. Para cada uno de ellos hemos de cumplir además, con un listado de "objetivos" o temáticas e insertar ciertos objetos ocultos también. En los micros bastará con uno de esos objetos, y en los relatos dos.

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Antes de dejaros con mi propuesta para este mes, os presento el cartel oficial del reto durante este año, ¿os parece?

Cartel #OrigiReto2019


Y ahora sí. Llega el momento de conocer mi historia. Bueno la de mi personaje. Imagino que si estáis aquí, en este instante, es porque algo de intriga sí sentís al respecto, ¿no? Aquí van mis 1.037 palabrillas.

EMPIEZO A RECORDAR (©Rebeca Gonzalo)

No sé qué me han hecho estos matasanos, pero por fin han logrado que recuerde.

La jornada en que todo comenzó, desperté con una tremenda resaca, y las sábanas tan revueltas como mis recuerdos y pensamientos. Dolorida y agotada. Incapaz de mover brazos o piernas durante minutos, cuando por fin logré que mis extremidades respondieran, la angustia ya había empezado a hacer mella en mí. Pero me obligué a levantarme. Retiré la ropa de cama y me arrastré hasta la ventana para ventilar la habitación. Antes de llegar a ella tropecé con una botella de ron prácticamente vacía. Ni siquiera eso me hizo invocar los acontecimientos de la víspera, con algo de nitidez.

Ya a la luz del día, observé con detenimiento mi cuerpo en busca de golpes o arañazos. No había ni rastro de ellos. Lo cual me tranquilizó. Aunque sí hallé mi piel más pálida de lo habitual.

Con gran esfuerzo, me asomé a la fría mañana invernal, tratando de hacer memoria sobre qué había sucedido la noche anterior, para hallarme en ese estado, pero cuanto más me esforzaba, más se agudizaba el dolor de cabeza, y sobre todo más notorio resultaba mi cansancio.

Los más de cuarenta años a mis espaldas empezaban a pesar como nunca, después de una salida nocturna. Acercarme hasta el baño, en la estancia contigua, supuso un inexplicable derroche de energía. Era incomprensible tal nivel de extenuación. Tras una ducha, y ya en la cocina, me preparé un zumo de tomate. Rara vez bebo uno, pero sería de lo más eficaz para erradicar aquella monumental resaca. Mi mandíbula, como el resto de mi cuerpo, también se movía con dificultad, y buena parte del zumo resbaló por la comisura de mis labios barbilla abajo. En cuanto al resto de la bebida, mi estómago no pudo retenerla. A pesar de todo, preferí ser optimista, y me infundí ánimos: afortunadamente tenía todo el domingo para recuperarme antes de ir a trabajar. O eso es lo que yo creía.

Decidí vestir ropa cómoda y salí a por pan. Cartera y llaves en mano. Por primera vez en mi vida cogí el ascensor. Ya en la calle, los escasos metros de distancia entre portal y panadería parecieron infinitos. A cada paso todo se hacía más grande y más lejano de lo habitual. Para mis ojos, extrañamente pesados, la gente se movía a cámara rápida. Incluso las conversaciones que tenían lugar a mi alrededor eran ininteligibles. Demasiado apresuradas para mis oídos adormecidos. Para colmo, un molesto olor a cloaca se había instalado en mis fosas nasales. Fue entonces cuando saltaron todas mis alarmas: aquellos síntomas iban mucho más allá de los de una noche más con exceso de alcohol, ¿me habrían drogado?

Con esas reflexiones e inquietudes en mi cerebro embotado, giré a la izquierda a mitad de camino de la dichosa panadería, hacia la parada de taxis más cercana. Tenía que llegar a urgencias lo antes posible.

Tuve suerte y encontré uno vacío. Pude montar en él, con ayuda eso sí, del taxista que hubo de abrirme la puerta. Dado que mis manos no respondían a las órdenes que mi cerebro enviaba.

Ya en el interior del vehículo, el taxista me escrutaba intrigado, a la espera de que le indicase destino. Analizando ahora aquellos momentos, quizá también hubiera algo de miedo oculto en sus ojos.

—¿A dónde quiere ir, señorita?, ¿se encuentra bien?

—Al hos… pi… tal, por fa… vor. —Mi petición ni siquiera resultó comprensible para mí. Y supe que, por fuerza, habría de volver a repetirla—. Al hospi...tal, por fa… vor —aquellas breves palabras constituyeron un verdadero calvario que me sumió en un sopor febril e incontrolable en el asiento trasero.

Desde mi butaca todo parecía transcurrir a un ritmo endiabladamente rápido, como si estuviera participando en alguna especie de videojuego y yo fuera la protagonista involuntaria. Incluso las agujas del reloj, en la plaza del Ayuntamiento, giraban a velocidad vertiginosa. Hasta que el tiempo se detuvo en el instante en que llegamos a urgencias.

Quise salir del coche por mi propio pie. Sin embargo, en su lugar fui arrastrada afuera por varios extraños. Se gritaban entre sí y me miraban con desprecio y temor. O eso creyó adivinar mi mente confusa.

✱✱✱

Por lo que sé, llevo varios días aquí encerrada. Sé que me observan. Las continuas analíticas y pruebas médicas a las que me han estado sometiendo no ayudan a que me tranquilice. Tampoco contribuye a ello que me tengan recluida en esta especie de celda de aislamiento, atada con fuertes sogas a la cama. Ni siquiera he intentando escapar, ¿de qué me serviría? Con las pocas fuerzas que albergo dentro de la masa informe en que me he convertido, sé que antes de llegar a la puerta de la estancia los guardias de seguridad me habrían alcanzado. Mi piel se torna más azulada a cada minuto que transcurre. Hace horas que sospecho que mi corazón ya no late. La piel se me cae a tiras en algunos puntos, dejando a la vista mi propio interior, como si fuera un calcetín dado la vuelta. Sin embargo, aquí sigo. En una especie de duermevela. Atada, sola, asustada...

Ahora que por fin logro recordar cómo comenzó todo, me asombra mi propia estupidez. ¿Cómo pude siquiera imaginar que podría ser divertido asistir a una orgía tan inusual?

Sólo aspiro a que hallen un antídoto que me devuelva a mi estado anterior, y recuperar mi vida cotidiana como si nunca hubiera asistido a esa velada de zombis. No obstante, mi instinto me dice que en realidad a las personas con bata blanca, que de vez en cuando se dejan caer por aquí, no les interesa mi recuperación. Pienso que es más que probable que, en cierto modo, estén prolongando mi estado actual, con el único fin de conducirme ellos mismos al matadero.

Si me aceptáis un consejo: nunca asistáis a una fiesta anunciada en una página web donde cada dos por tres el navegador o el antivirus detectan algún tipo de amenaza informática. Puede que el virus sea más letal de lo que pensáis. Y que la temática de la fiesta, en el fondo, sea más real de lo que os gustaría admitir.

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¿Os ha gustado?, ¿queréis saber cuáles son los elementos que he usado para configurar mi historia? Pues aquí abajo los tenéis 🔽🔽🔽🔽🔽🔽

OBJETIVOS Y OBJETOS OCULTOS⭃


🔶OBJETIVO: (2) Crear un relato en el que aparezcan zombies. OBJETOS OCULTOS: (19) una botella de ron y (29) videojuego.🔶

Es evidente que queda mucho febrero por delante, así que la pegatina de este mes la publicaré a finales en mi Twitter.
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Dejo como siempre, antes de dar paso a los comentarios, este certificado para que os sintáis libres de darme recomendaciones de estilo. ¿Me haríais ese gran favor?

Cartel moderno general lector cero
Cartel moderno lector cero. Uso generalizado.

Os espero el próximo jueves, día 14, con alguna otra cosilla más. Espero que os resulte interesante. Aprovecho para recordar que mi reto mensual #Fuegoenlaspalabras acepta participación en su edición actual y está abierto desde el pasado lunes. ¿Alguien se apunta?

Nos leemos. Un abrazo.

Hace años, cuando escribía, casi con la misma rapidez con que llegaba el aire a mis pulmones, te invitaba a que paseases también por este rincón. Pero, por un tiempo, las letras me abandonaron y me refugié en el scrap, la bisutería y el mix-media. Producto de esa etapa nació:
Afortunadamente, las letras han regresado a mi vida y no pienso renunciar a ellas.

Otras nubes interesantes

6 cazan nubes conmigo

  1. ¡Hola!:
    Qué manera tan sutil de poner a los zombies (es que a mí, eso de tanta sangre y matanza sin sentido, no me gusta mucho xD)y de describir los síntomas de la chica.
    Cómo le va cambiando el cuerpo y la mente... muy bien escrito, me ha gustado.
    Un saludo :)

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    1. Mil gracias, Gema. ¡Qué alegría tenerte por aquí de nuevo y que te haya gustado esa sutileza!

      Un abrazo.

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  2. Hola
    está muy bien escrito. Bastante visual, y aunque ligeramente previsible es entrenido.
    Lo único que no me ha gustado es el párrafo final donde pasas de narrar de primera persona a segunda persona, rompiendo la cuarta pared con el consejo al lector.
    ¡Felicidades!

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    1. Gracias. Es algo que no sé porqué no puedo evitar últimamente en todos mis relatos. A ver si lo enmiendo de una vez y consigo evitarlo. Me gusta esa imagen de "la cuarta pared".

      Un abrazo.

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  3. Me encanta eso del apocalipsis zombie desde la perspectiva del zombie. Y muy agradecido porque lo has dejado a huevo para enlazar un microrrelato erótico en una orgía zombie.

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    1. ¡Qué bueno! Me alegra que mi relato te haya resultado inspirador. Estoy deseando leer tu secuela/precuela.

      Un abrazo enorme.

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